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Citogenética hematológica |
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En 1971 en París se establece un sistema internacional de nomenclatura para los cromosomas en base a su patrón de bandas. El proceso había arrancado y ya no podía parar, sobre todo gracias a la intervención de la Dra. Rowley que en los 70 se encargó de enseñarnos quién era el pequeño cromosoma descrito años atrás que pasaría a ser el “cromosoma Philadelphia” originado por la t(9;22).
No solo identificó éste sino que describió la t(8;21), la t(15;17) y la t(14;18). El papel de las translocaciones iba a ser decisivo en el conocimiento de algunos procesos neoplásicos y sentaba las bases de nuestro trabajo como citogenetistas. Esta década supuso el despegue definitivo de la citogenética hematológica. Los años siguientes fueron identificando nuevos marcadores con la ayuda de las técnicas de hibridación in situ fluorescente (FISH) que nos permitían llegar donde no podíamos con las bandas. La cascada de acontecimientos y descubrimientos en los últimos años del pasado siglo era imparable y difícil de asimilar gracias también al tremendo desarrollo de las técnicas de biología molecular. En nuestros días la citogenética hematológica se ha consolidado en la práctica clínica diaria apoyada en sus tres grandes aportaciones a las neoplasias que son: diagnóstico, pronóstico y seguimiento. |